Shikuru (Educación en Kamara).

Jaime Falcón López.

Al llegar a Larabanga, la primera impresión que tuvimos respecto a la comunidad educativa fue sorprendente. Se respiraba una gran desorganización, muy lejos de lo que estamos acostumbrados a ver en occidente. Pero cuando poco a poco te vas integrando, te das cuenta de que realmente existe un orden estricto, casi militar, como el que teníamos en España no hace tanto. Una mezcla entre miedo y respeto al profesor. La herencia del modelo escolar impuesto, en sus orígenes, por Reino Unido en la época colonial.

 

Todos los días mis compañeros me cuentan historias sucedidas en clase. Historias como que el profesor se ha ausentado durante distintos momentos de la mañana, que los niños con doce años les cuesta sumar o que su dominio limitado de la lengua inglesa hace realmente complicado adquirir los aprendizajes previstos. Por ello me decidí a hablar con Abusco, dueño de una guest house y, además, profesor y mano derecha del Head Master, Mohammed, en la escuela pública “Gulugu”, donde la ONGd ADEPU desarrolla su actividad principal: la cooperación educativa.

La educación en Ghana está adquiriendo un mayor progreso con el paso de los años, según nos confirmaba el propio Abusco:

Lo más importante es el ejemplo que damos los mayores a los niños. Si nos ven cometiendo actos inmorales como beber o tener una conducta violenta, lo más seguro es que lo intenten replicar en el futuro.

Aun así, la corrupción en el país es notable. Lo que hace que el sistema educativo no pueda avanzar lo suficiente:

Tenemos 200 diputados en un país con veintisiete millones cuatrocientos mil personas, cobrando sueldos altos, dietas y manutenciones…

La inversión en educación es mayor, sí, pero de nada sirve si después ese dinero no llega a su destino. Se invierte en zonas con mayor desarrollo como Tamale o simplemente se lo quedan los políticos de turno.

Sara, una compañera belga que está montando un negocio en Larabanga, y nos acompañaba en ese momento, trataba de entender el sistema educativo en Ghana. No entendía que niños y niñas a partir de los 3 años estuviesen solos en la calle durante largas jornadas, incluidas las escolares, sin supervisión y ningún tipo de límites educativos. Abusco, entre sonrisas, imagino que no sería la primera vez que un “Breni” (blanquito en kamara -lengua tribal del lugar-), trató de explicarnos su visión de progreso y desarrollo:

Yo no quiero aquello que no me va a permitir poder dejar a mis hijos solos por la calle mientras descubren el mundo y se divierten con sus amigos.

 

 

En ese momento decidí intervenir en la conversación y comentar que me había percatado de ese detalle, de la seguridad y confianza que se respira en las calles de Larabanga, sin necesidad de la autoridad gubernamental ni policial. A lo que él me contestó:

Aquí somos todos una gran Itaba (familia) y entendemos que vivimos en una comunidad donde no queremos actos que se alejan de un correcto comportamiento.

El hecho de que puedas ver a los niños en la calle en horario escolar, como comentó Sara, resulta ser un problema importante. Es decir, o no van a clase o simplemente consiguen escaparse del colegio. Esto se debe a que muchos padres no han estudiado y ven necesario que sus hijos lo hagan puesto que prefieren que trabajen en la granja o en el negocio familiar. Es fácil entender esta situación por el hecho de que el futuro de una familia en Larabanga depende de su habilidad para ser autosuficientes y el único recurso tienen es la propia tierra. Además, los padres trabajan durante todo el día y no pueden controlar que sus hijos asistan a clase. Y cuando por fin terminan de trabajar, no tienen fuerzas para ayudar a sus hijos a hacer las tareas escolares o intentar concienciarles de la importancia de formarse bien.

Cuando una nación tiene un pasado envuelto en el colonialismo y en la mala praxis por parte del Gobierno, avanzar se vuelve una tarea difícil. Sin embargo, Ghana, año tras año, está consiguiendo mejorar toda su infraestructura nacional ocupando el puesto 85º en la lista del PIB mundial en 2017.

Jaime Falcón López es estudiante de 4 curso del grado de Publicidad y Relaciones Públicas de la Facultad de Ciencias Sociales, Jurídicas y de la Comunicación de la Universidad de Valladolid (España).