Patricia Baños García | Larabanga (Ghana)

Oculto en un bosque de bambú que susurra, entre los silbidos de las aves, más de mil historias de hadas y gnomos, encontramos un lugar único y lleno de sorpresas. Una mano amiga nos guió hasta el corazón de Denyigba Lorlor, el nombre de este maravilloso proyecto, y nos regaló, a través de una deliciosa conversación, un pedacito de su historia:

Se trata de una pequeña ONGd que se asienta en mitad de la nada, entre campos de cultivo, a la sombra de las Wli Waterfalls, en la Región del Volta. Un destino obligatorio para aquellos que quieran deleitar su mirada dentro del territorio ghanés.

El río fluye a través de sus tierras, rodeado de colinas y unas vistas espectaculares. Sin lugar a duda, la magia de ese escondrijo en mitad de la naturaleza te atrapa irremediablemente invitándote a respirar y crear arte.

La visión del fundador, Safo Mawuko Kotorku, artista profesional y músico, junto al esfuerzo de todo un equipo de personas que apoyan su causa, han logrado desarrollar dos objetivos primordiales: la creación de un lugar para el arte y la comunidad, y el uso y cultivo de la tierra utilizando métodos sostenibles y  tradicionales.

Aunque empezó desde cero hace tan solo 6 años, con el sueño de un joven como único pilar, gracias a la enorme capacidad de autogestión, el empoderamiento y la constancia, este proyecto no ha dejado de crecer y de ofrecer una oportunidad para “hacer nuestras vidas más bellas y cuidar el medioambiente”, según nos comentaba Safo, el joven emprendedor que nos dio cobijo por unos días.

De esta manera, por un lado, Denyigba Lorlor es una muestra de pasión y amor por el arte, una puerta al mundo de la creatividad. El enfoque de este proyecto es la fundación de un espacio sin esquinas ni muros que reúna a la comunidad e invite a que nazca todo tipo de creación artística, sobre todo, musical. Un lugar que nos guíe en el camino para desarrollarnos personalmente y en sociedad.

El primer paso es construir un centro comunitario que ofrezca refugio tanto para las personas como para las obras de arte. Una vez conseguido esta meta, la ONG iniciará distintos planes de actuación para promover la cultura. A través de talleres de música y de pintura, se pretende animar a la juventud a entender su patrimonio y expresar su creatividad; “buscamos alimentar lo que está escondido en los niños, ayudándolos a desarrollarse y brillar” Safo (2018).

Por otro lado, otro importante campo de acción ligado a Denyigba, que significa «Madre tierra» en el idioma local, es la plantación de diferentes especies de árboles frutales. Cuenta la tradición que cada árbol representa a un hombre y a una mujer, fundidos y arraigados a la tierra que los sustenta. Una manifestación muy especial de las fuerzas y del poder divino. Por esta razón, una o dos veces al año tiene lugar una exhibición forestal al aire libre para celebrar el regalo que la naturaleza ha puesto en cada uno de nosotros.

Gracias al trabajo y apoyo de la propia gente de la comunidad, lo que tiempo atrás no era más que un frondoso bosque de bambú, ahora se ha convertido en un terreno verde, fértil y de una enorme diversidad vegetal. Un lugar donde sembrar libertad y recoger un futuro mejor para los jóvenes.

Sin duda, la pureza de los colores que adornan el entorno de Denyigba invita a la población local a seguir plantando árboles con el propósito de preservar y repoblar el bosque que los abraza.

Conociendo desempeños como este, no dejo de sorprenderme al comprobar el valor de tantísima gente que se lanzan sin miedo a la creación de un proyecto de este calibre, con los recursos mínimos pero toda la ilusión y energía del universo. Es fabuloso descubrir a personas como Safo, que deciden salirse de la norma y, contra todo pronóstico, luchan por hacer realidad su propio proyecto de vida en vez de seguir la corriente de la sociedad.

Desde hace 6 años, cuando se embarcó en esta aventura, ha vivido en Denyigba Lorlor, trabajando cada día para que los distintos edificios que se quieren construir echen raíces y crezcan. Al mismo tiempo, ha cuidado y labrado la tierra que sustenta a todos los árboles que poco a poco germinarán y darán sus frutos, alimentando, embelleciendo y dando cobijo a todos aquellos que quieran respirar el aire puro de este lugar.

Quizás, estos años puedan resultar demasiado tiempo para el proyecto que os estamos planteando, pero desde ADEPU sabemos lo complicado que es despegar una iniciativa de este tipo cuando el gobierno no apoya económica ni legalmente.

Apoyamos la tarea que Safo está desempeñando en este lugar por el empoderamiento que supone emanar un proyecto desde el esfuerzo de la propia poblacion nativa, y más cuando se trata de un trabajo para y por la comunidad.

En un país donde las grandes empresas están en manos extranjeras, donde el gobierno no fomenta proyectos de innovación educativa y donde es muy complicado conseguir permisos sobre cualquier tipo de tránmite necesario para la creación de este proyecto, Adepu fomenta el desarrollo en manos locales y ensalza el trabajo de este pequeño grupo de personas que trabaja cada día por ver madurar este fantastico proyecto que tinta la naturaleza de arte y educación.

Denyigba es un deseo ambicioso que se hace realidad cada día, desarrollándose en la comunidad de Wli, luchando por la promoción de planteamientos tradicionales de cultivo y por la exploración del inmenso mundo del arte en el entorno natural que nos ha sido regalado, pues, como dijo Rembrandt, en el camino de la creatividad “elige solo una maestra: la naturaleza”.

La naturaleza como un medio de socialización, de acercamiento personal y de solidaridad. La naturaleza como el espacio para profundizar en la confianza y la responsabilidad frente a nuestra comunidad. La naturaleza como el folio en el que escribir nuestro compromiso con la tierra y todo lo que la nutre. Hacer un uso pleno de las oportunidades de aprendizaje proporcionadas por el mundo natural contribuye al desarrollo integral de cada persona, el objetivo de esta realidad.

Denyigba Lorlor no deja de volar y de abrir sus puertas a todos. A todos aquellos que quieran amar, sentir y vivir; todos los que busquen compartir, crecer y crear en la naturaleza, donde es más sencillo percibir lo bello y valorar lo que es, realmente, esencial.

 

Patricia Baños García es una estudiante de 3er curso del doble grado de Educación Infantil y Primaria (mención Inglés) en la Facultad de Educación de Palencia de la Universidad de Valladolid (España), actualmente realizando sus prácticas curriculares con la ONGd ADEPU en la escuela “Wulugu” de la aldea de Larabanga, Ghana.