Que pasa en mi casa

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Yavú, yavú, breni, breni…

Hay gente que le molesta cuando vas andando por la calle y que lo único que escuches a voces es cómo te llama en sus distintas lenguas “hombre blanco”, para nosotros, cuando son grupos de niños que lo cantan con sus hermosas voces y gigantes sonrisas, especialmente aquí, en la aldea, suena como una melodía.

Ya van a hacer casi dos meses desde que nos instalamos en Atsiame y poco a poco, vamos construyendo nuestra relación con los aldeanos de la manera más cercana y bonita posible. Después de la gran fiesta que nos organizaron de coronación, no podía pasar mucho más tiempo para hacer sonar de nuevo los tambores. En la aldea, cualquier excusa es buena para hacer una gran fiesta. En este caso, queríamos mostrar al pueblo las fotos del día de la coronación. Una gran hoguera, mucha música y muchos cuerpos fluyendo al mismo ritmo. Creo que este fue el comienzo de las noches mágicas en Atsiame.

Una de las cosas que Denis resalta, es lo interesante que puede ser vivir con gente que han elegido ser maestros y observar cómo interactuamos con el ambiente. La verdad, no lo había pensado hasta que me sacó el tema de conversación, pero lo que me explicaba era cómo nuestro deseo de dar se ha convertido en una parte esencial de nuestra vida cotidiana. Los voluntarios nos levantamos alrededor de las seis de la mañana para empezar nuestra jornada, la mayoría va a la escuela pública a trabajar mano a mano con los profesores locales, pero nuestro trabajo no se queda sólo en ese horario. Ir a comprar cualquier cosa es motivo suficiente para ponerte a hacer matemáticas con el niño o mujer que te lo está vendiendo.

Nuestra casa ha pasado a formar parte de la vida diaria de la gente de la comunidad.
Por las mañanas, Iris es la encargada de llevar la pequeña escuela infantil que hemos creado. Para llegar al colegio hay que caminar a pleno sol durante un largo camino, por lo que los más pequeños no deben hacerlo y las familias también necesitan ese tiempo para poder trabajar. Así que esta idea no surgió de nosotros, Atsiame habló y nosotros respondemos con lo que podemos.

Por la tardes, nuestra casa ha pasado a ser una especie de centro social. El juego, aquello que aquí no estaban acostumbrados a compartir entre niños y adultos, fue poco el tiempo que necesitamos para romper con esa regla. A la reina la costó una reunión con los chiefs para poderlo hacer libremente.

Jugar con los niños continuamente te hace ver cómo se crean situaciones adidácticas, aprovechándolas para aprender junto a ellos sobre cualquier tema que muestren interés. Clases de drumming, baile, juegos, acrobacias, hacer las tareas del cole, charlas con las mujeres, aprender la lengua local, practicar el inglés, ir a por agua, hacer deporte, domingos de películas… todos estos momentos hacen que disfrutemos nuestros días en Atsiame.

Muchos abandonaron el barco hace una semana, pero con su partida, otros embarcaron en nuestra aventura. Un nuevo equipo que tendrá que continuar con lo empezado, con una de nuestras visiones, dar más luz a la educación, más amor y más respeto… que aunque esto sabemos que es complicado, será algo que seguro que no haremos de la manera más normal.

 

Lucía Herrero

Fotografía: Denis Vejas

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