Claudia Albertos Ortega | Atsiame (Ghana)
El sol cae lentamente sobre Atsiame mientras un grupo de niños juega descalzo en el campo de fútbol. Entre risas y carreras, alguien pregunta qué quieren ser cuando sean mayores. “Doctor”, dice uno. “Profesor”, responde otro. Un tercero se queda pensando antes de contestar y, tras unos segundos, afirma: “Quiero ir a Accra”.
En esa breve conversación se esconde una de las preguntas más profundas que atraviesa la juventud rural en Ghana: quedarse o marcharse.
En comunidades como Atsiame, el futuro no es únicamente una cuestión de aspiraciones individuales, sino un equilibrio constante entre identidad, oportunidades y responsabilidad familiar. Aquí, la idea de éxito adopta un significado distinto al que suele predominar en contextos occidentales.
Para muchos jóvenes, triunfar implica estudiar, conseguir un empleo estable y, sobre todo, apoyar a sus padres. Construir una casa familiar, financiar la educación de hermanos menores o garantizar estabilidad económica al hogar se percibe como un logro mayor que la acumulación de riqueza personal. El éxito no se entiende solo como una meta individual, sino como un proyecto colectivo.
Sin embargo, la ciudad emerge como símbolo de posibilidad. Accra, Kumasi y otros núcleos urbanos representan acceso a educación superior, empleo, modernidad y, en cierto modo, libertad. Las redes sociales y la globalización han reforzado esta imagen, mostrando estilos de vida urbanos que despiertan nuevas aspiraciones entre la juventud rural.
Pero la migración no es solo un sueño; también es un dilema emocional.
Marcharse implica oportunidades, aunque también distancia, nostalgia y, en ocasiones, la pérdida del vínculo cotidiano con la comunidad. Permanecer en el pueblo, por su parte, ofrece estabilidad emocional, identidad y pertenencia, aunque con limitaciones económicas y profesionales.
Muchos jóvenes viven entre estos dos mundos. Por un lado, el impulso de buscar un futuro diferente; por otro, el apego a una comunidad que define quiénes son. Este conflicto, aunque silencioso, se refleja en conversaciones cotidianas, decisiones educativas y expectativas familiares.
Aun así, la idea de éxito en Atsiame está evolucionando. Algunos jóvenes comienzan a imaginar alternativas que combinan tradición y modernidad: emprender en el pueblo, aplicar técnicas agrícolas innovadoras, abrir pequeños negocios o utilizar la tecnología para generar ingresos sin abandonar sus raíces. Estas visiones reflejan un cambio paulatino en el que el éxito deja de estar ligado exclusivamente a la migración.
Más allá de las estadísticas, lo que emerge son historias profundamente humanas. Los jóvenes de Atsiame no solo buscan progreso económico, sino también respeto, felicidad y la posibilidad de devolver a sus familias todo lo recibido.
Quizá la pregunta no sea únicamente si quedarse o marcharse, sino cómo construir un futuro donde ambos caminos puedan coexistir. Un futuro en el que la búsqueda de oportunidades no implique renunciar a la identidad y donde el progreso no se mida por la distancia recorrida, sino por el impacto generado en la propia comunidad.
En Atsiame, entre caminos de tierra y sueños de ciudad, la juventud continúa escribiendo su propia definición de éxito: una en la que el hogar no representa un obstáculo, sino el punto de partida.

Testimonios:
- Coku, 17 años, estudiante
P: ¿Qué significa para ti tener éxito?
R: Para mí, el éxito es poder estudiar y conseguir un buen trabajo. Me gustaría ir a la universidad en Accra y estudiar Educación.
P: ¿Te gustaría quedarte en Atsiame o marcharte?
R: Amo mi pueblo, pero siento que las oportunidades aquí son limitadas. Mi idea es ir a la ciudad, formarme y después volver para ayudar a mi familia y mejorar nuestra casa.
- Estudiante de Atsiame-Heluvi
P: ¿Cómo definirías el éxito?
R: Para mí, el éxito es que mis padres estén orgullosos de mí. Quiero ser enfernera y ayudar a la gente de aquí.
P: ¿Crees que es necesario ir a la ciudad para lograrlo?
R: Muchos quieren irse, pero yo creo que también podemos hacer cosas importantes en el pueblo.
- Madre de familia
P: ¿Qué esperan los padres del futuro de sus hijos?
R: Queremos que tengan oportunidades que nosotros no tuvimos y que puedan estudiar.
P: ¿Cómo ven la migración a la ciudad?
R: Si tienen que ir para formarse, está bien, pero siempre esperamos que recuerden de dónde vienen y que no olviden a su familia.
- Profesora del colegio
P: ¿Qué aspiraciones tienen los estudiantes?
R: Muchos sueñan con profesiones urbanas porque las asocian con estabilidad económica.
P: ¿Ha cambiado la idea de éxito en los últimos años?
R: Sí, veo un cambio. Algunos estudiantes empiezan a pensar en emprender aquí y crear oportunidades en su propia comunidad.
Claudia Albertos Ortega es estudiante de 3º curso del grado de Publicidad y Relaciones Públicas de la Facultad de Ciencias Sociales, Jurídicas y de la comunicación de la Universidad de Segovia (España).