ATSIAME

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Durante su estancia en Ghana, Marina Escudero Merino pasó unas semanas con nuestro proyecto en la aldea de Atsiame. Aquí cuenta su experiencia y su reflexión al volver a casa:

 

Iba como siempre asustada y ansiosa ¿Cuál es la diferencia? Había sobrevolado Marruecos, parte de Argelia, Mali, Burkina Faso y por fin veía Accra. Mi primer mar africano, formado por luces que vi como pude entre las cabezas de mis compañeros de vuelo.

Estaba dispuesta a sacrificarlo todo por unos días: comodidades, contacto, orgullo, higiene y probablemente algo de salud. Pero esta vez no tuve que renunciar a nada.

Un continente se me abrió a través de una pequeña comunidad al sur de un pequeño país, pieza clave en el inmenso y complicado puzle africano. Estaba en Ghana preparada para ver una miseria que me fui sin encontrar.

Mis pupilas tardaron días en acostumbrarse a la luz del incansable sol. Mis pies caminaron encantados por la arena fresca de los caminos de la aldea. Y mi aspecto en seguida se acostumbró a no saber lo que es un espejo. Me sentía libre. Me sentía cerca. Me sentía bien.

Es complicado, algunas veces, describir los sentimientos con palabras. Al fin y al cabo, el lenguaje sirve para clasificar y expresar pensamientos y compartirlos con los demás. Pero es difícil hacerlo cuando ni siquiera eres capaz de identificarlos. Quizá sea el amor uno de los más complicados de explicar. Y precisamente así es como he vuelto. Enamorada.

Enamorada de mujeres, de niños, de ancianos, de salsas, de paisajes, de sonidos, de colores, de ilusión…del sentimiento de integración y de gratitud que trasmitían todas las sonrisas que no se olvidaban nunca de desearte buenos días, tardes y noches. De la sensación de acostarse rendido, a las nueve de la noche, y de sentir “hoy lo he hecho bien”. De olvidarse de todo lo que se supone que debe preocuparnos. De romper de nuevo los esquemas vitales de un mundo que NO es el único y no sé si es el mio. De Afi, mi nombre africano por haber nacido en viernes. De sentirme a salvo a miles de kilómetros de casa. De las lágrimas de la despedida y de saber con certeza que volveré.

Hoy han muerto las larvas que recorrieron conmigo el largo camino hasta la ciudad que ahora llamo casa. Pero no con ellas mis recuerdos ni mis inquietudes de llevar hasta Atsiame algunos de los avances de los que aquí disfrutamos cada día sin darnos cuenta.

Hizo falta perderme un poco más para volver a encontrarme. Aunque sea en parte.

Aunque no vais a leerme os doy las gracias. Habéis conseguido que vuelva a dormir tranquila y sin pesadillas. Me habéis curado heridas y traumas complejos. Me habéis devuelto la confianza, la ilusión, la seguridad y la calma. Erais lo que necesitaba.

Espero poder devolveros todo esto en algún lugar, algún día, de alguna forma.

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Foto: Marina Escudero Merino

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